La autora de este trabajo que forma parte de la exquisita colección de la editorial Ampersand, en la que escritores y críticos relatan su experiencia lectora con la que construyen, como en este caso, una teoría posible de la lectura, es especialista en literatura española medieval, poeta y narradora, lo que se refleja en la profusa bibliografía consultada.
La cultura árabe, el latín vernáculo del que deriva nuestro idioma, la Biblia, el Corán, Alfonso X, la cuentística medieval, la tradición oral y los clásicos universales (entre los cuales, Borges tiene un lugar destacado) son el territorio fértil de un trabajo erudito, didáctico y sobre todo, poético, donde las propias reflexiones sobre la lectura adquieren un espesor notable.
Siguiendo el hilo de las primeras lecturas silentes que tanto sorprendieron a san Agustín, encuentra en el acto de leer una voz inhumana, producida por la mirada que recorre el texto, y lo define, místicamente, como un “camino hacia el silencio.”
Describe cómo, durante la Baja Edad Media, la voz de las mujeres entró en la literatura, cuando las lenguas romances, transmitidas por madres y nodrizas, reemplazaron en la escritura al latín, dando comienzo al amor cortés. Cómo, en la famosa escena del Quijote de los molinos de viento se cifra la naturaleza metafórica de la lectura, en la que el caballero es “molido” a palos por el molino al que toma por un gigante, como los mismos granos de trigo. Es que la lectura, como la metáfora, nos dice, nos lleva de un lugar a otro (metaphorai, en griego actual, es el transporte de pasajeros). Y es capaz de reescribir un libro del siglo XVII y con sus mismas letras, hacerlo distinto, como planteó Borges en “Pierre Menard, autor del Quijote”, donde ficcionaliza el acto de leer.
Para ella, un libro abierto podrá ser un campo roturado y sus renglones, surcos, cuando la filología le recuerda que el mismo verbo legere, significa tanto leer como recolectar. Descubre en la frente -el lugar donde ubicamos al pensamiento y la imaginación- la misma forma rectangular que la de un libro abierto y en la oración gramatical, un camino de lectura y purificación que comparte con la oración religiosa.
Y si leer y soñar, nos dice, están, como la relación amorosa, indisolublemente unidos a la posición yacente, se requiere de un autor y un lector dispuestos a dejar entrar al otro, a entenderse. Pero leer también es estar ocioso, por fuera de la productividad. Quizás éste sea el último reducto de libertad que nos quede.
Carolina Sanín nació en Bogotá, en 1973. Es doctora en Literatura Hispánica por la Universidad de Yale. Publicó, entre otras novelas, Todo en otra parte, Los niños y Tu cruz en el cielo, y los ensayos Alfonso X, desventurado Rey Sabio y El ojo de la casa.
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María Eugenia Villalonga